Matías Manna On lunes, diciembre 16, 2013

Lippi estaba ahí justo cuando llegó. La Gazzetta no dudaba en describirlo como ideal para el fútbol y la cultura del país. Comenzaba a gestarse el último Italia campeón del mundo, justo cuando Pep Guardiola aterrizaba en Brescia. Mientras Juventus conquistaba títulos dirigido por Lippi, el mismo equipo al que Guardiola quería como destino luego de su partida de Barcelona. El mismo que le bajó la persiana justo cuando estaba todo acordada su llegada a Turín.

Tanto pasó desde 2001 al 2013 que mañana Lippi dirigirá a un equipo chino multicampeón y Pep Guardiola lo enfrentará con la dirección del Bayern Munich. Tantas cosas pasaron por el fútbol, que doce años después la misma selección italiana que en el 2006 ganó el Mundial con Lippi, ahora planea colocar a Aquilani, Pirlo, Montolivo en el centrodelcampo en el Mundial 2014. Tantas cosas que el pasado fin de semana un equipo italiano (Fiorentina en el Franchi) realizó un gran partido de la mano de un jugador español que es ídolo de la afición violeta. Borja Valero, pelado, sin piernas de atleta ni físico ancho para golpear en el medio, técnico, guía, con gran pase e interpretación para el juego de posición.

Cuando Guardiola y Lippi se estrechen las manos en Marruecos, recordaremos las sensaciones que teníamos en los primeros años de este milenio. Mientras tanto Arrigo, sonreirá en su televisión.

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