
No estaríamos contentos si no hubieran aparecido. Pero aparecieron, bajo una nueva táctica de Pep (la cuál abordábamos hace unos días). En el segundo tiempo, apareció el verdadero paradigma y sus conceptos. Mucha posesión, campo abierto (el Barcelona salió campeón del mundo jugando con dos extremos abiertos y profundos), defensa arriba (la gran correción de Piqué y Puyol con respecto al primero), circulación a buen ritmo. Y atacar, atacar y atacar. Nada de especular con 8 o 9 hombres esperando atrás del balón como hizo Estudiantes en el complemento y casi todos los rivales que esperaron al Barcelona (desde un Espanyol, Almería hasta un Estudiantes, Chelsea, Real Madrid o Inter). Querían burlarse de su iniciativa jugando a la contra, y nadie pudo por más que en algunos momentos ahogaron su ritmo. El título del Barcelona exhibe que el camino más corto para ganar es tener la pelota y atacar agresivamente. Es un grito de rebelión ante los trivotes, ante el físico por sobre el cerebro o el juego, ante a ganar como sea, ante la especulación. Guardiola corrigió a su equipo y ganó jugando con su estilo que siente tan propio. Paradigma Guardiola campeón del mundo. Felicitaciones
